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Sacar la cabeza fuera del agua: Una oportunidad inmediata en el uso de la data existente
En un escenario donde la conversación empresarial está cada vez más dominada por inteligencia artificial, machine learning y automatización avanzada, muchas organizaciones están pasando por alto una de las oportunidades más concretas y disponibles hoy: extraer mayor valor de los datos que ya poseen.
Desde nuestra experiencia acompañando organizaciones de múltiples industrias en la resolución de desafíos estratégicos y operativos, hemos visto de manera transversal que empresas de distintos sectores cuentan con información abundante y valiosa, generada día a día por sus operaciones. El desafío no es la falta de datos, sino la oportunidad de integrarlos de forma sistemática en los procesos de gestión y toma de decisiones.
Cuando la data existente no se articula en torno a objetivos claros, las organizaciones tienden a concentrarse en la operación inmediata, resolviendo contingencias y priorizando lo urgente. Esto no implica una mala gestión, sino la ausencia de una estructura que permita transformar información dispersa en una visión clara del desempeño y del rumbo del negocio.
Ahí es donde aparece el verdadero potencial. Al ordenar y utilizar los datos de manera consistente, se abre la posibilidad de:
- Entender con mayor precisión qué está ocurriendo en el negocio.
- Enfocar la gestión en las variables que realmente mueven el resultado.
- Asignar recursos con mayor criterio y anticipación.
Hemos acompañado a distintas organizaciones en la construcción de modelos de gestión del desempeño que permiten diferenciar y conectar la data estratégica —la que orienta el rumbo del negocio— con la data táctica que sostiene la operación diaria. Este enfoque genera visibilidad, claridad de prioridades y una toma de decisiones más alineada, con impactos directos en productividad, control y eficiencia de costos.
Para capturar esta oportunidad, existen algunas prácticas clave que funcionan como habilitadores:
Estructurar y depurar la información existente, para trabajar sobre evidencia confiable y comparable.
Definir y monitorear KPIs relevantes, focalizando la atención en lo que realmente importa.
Instalar rutinas de seguimiento del desempeño, que permitan anticipar desvíos y ajustar oportunamente.
Cuando estas prácticas se incorporan al funcionamiento diario, la organización deja de operar exclusivamente desde la urgencia y comienza a gestionar con mayor conciencia, foco y previsibilidad. No se trata de esperar nuevas tecnologías ni grandes transformaciones, sino de aprovechar activamente capacidades que ya están disponibles.
En un entorno competitivo y cambiante, levantar la cabeza fuera del agua significa precisamente eso: ordenar lo que ya existe, entenderlo mejor y convertirlo en una palanca real de eficiencia y crecimiento.
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